Tras el ataque a Venezuela, y habiéndose hecho EE-UU con el control de su petróleo gracias a la colaboración del régimen chavista encabezado por Delcy Rodríguez, Donald Trump emitió una orden ejecutiva para sancionar a cualquier país que venda petróleo a Cuba. La intención declarada es ahogar económica y energéticamente a Cuba para obligar al gobierno del PC cubano a capitular ante EE-UU.
La primera en obedecer la orden de Trump ha sido la presidenta “progresista” de México, que era el único país -además de Venezuela- que enviaba petróleo a Cuba. Pero tampoco Lula, ni China ni Rusia acudieron en su ayuda.
La situación en Cuba es muy grave. Los apagones por falta de energía son cada vez más frecuentes y de mayor amplitud. Algunos hoteles han sido evacuados y los turistas trasladados a otros, para ahorrar energía. El 9/2 el gobierno informó que ya no tenía combustible para aviones. Hay muchas dificultades para el transporte. En otras ocasiones los apagones han provocado protestas importantes de la población, una gran parte de la cual está cansada de sufrir escasez de los productos más elementales. Esta situación de escasez general y de constantes apagones ya venía ocurriendo desde hace tiempo, pero con el embargo petrolero de Trump la situación se ha agravado mucho.
Como respuesta a las presiones yankis, el 18 de junio el gobierno cubano hizo aprobar en la Asamblea Nacional una serie de resoluciones favorables a las inversiones capitalistas, dando otro salto adelante en la consolidación de la restauración capitalista en la isla.
Del paquete de 176 resoluciones, las más importantes son:
Se permitirá el acceso del sector privado al sistema financiero, el uso de criptomonedas (Lo que significa la circulación de capital sin ningún control estatal), el ingreso de remesas sin pasar por ninguna institución estatal y la apertura de cuentas sin previa autorización. Se habilita la concentración de capital ya que una misma persona podrá ser propietaria de más de una empresa privada o tener participación en otras empresas. Despejan el camino para la formación de grandes empresas capitalistas que podrán contratar a más de 100 trabajadores (que es el límite actual).
Como con la reforma laboral de Milei, las patronales podrán negociar por empresa los acuerdos salariales, y ampliar sus actividades más allá de la que tenga autorizada.
Se abren casi todos los sectores de la economía a las inversiones del capital extranjero. Hasta ahora su participación era a través de empresas mixtas con otras estatales.
Se descentralizan importantes decisiones económicas habilitando a los gobiernos provinciales y municipales a autorizar inversiones extranjeras, el comercio exterior, la aprobación de empresas privadas o la extinción o fusión de empresas estatales entre sí o con privadas, entre otras funciones que dependían del gobierno nacional.
Se aprobó la transformación de las empresa estatales en una sociedad mercantil por acciones o por participación, lo que implica la liquidación de lo que queda de la economía nacionalizada.
Difícilmente estas concesiones del gobierno cubano al capital y en particular a los capitalistas cubanos “gusanos” de Miami podrá detener la ofensiva imperialista, ya que la política de Trump-Rubio no apunta a forzar una mayor apertura al capital sino a ahogar la economía para que el régimen de PC cubano colapse o encuentre dentro de él a su “Delcy Rodríguez”.
Con ese objetivo las sanciones yankis buscan afectar los ingresos de Gaesa (*), la empresa controlada por el ejército cubano, que según dicen maneja el 70% de la economía, y a partir de la cual se financia el aparato militar y burocrático del PC. Como parte de esa política se conoció la orden ejecutiva 14.404 del gobierno de EE-UU -emitida a principios de mayo- que daba plazo hasta el 5 de junio a las empresas para cerrar las operaciones con las empresas cubanas vinculadas a las FARC, de lo contrario sufrirían sanciones.
En Cuba hay alrededor de 400 hoteles, de los cuales unos 300 son hoteles de lujo para turistas (son de 4 y 5 estrellas). Estos hoteles eran operados por cadenas extranjeras en asociación con el gobierno cubano. Para no ser pasibles de las sanciones norteamericanas, empresas como la canadiense Royalton que administraba 62 hoteles, las españolas Melía (15 hoteles) e Iberostar (que de 12 se queda con 6 que no son propiedad de las FARC) se fueron retirando, lo que debilitará aún más el flujo de turistas que ya venía decreciendo como consecuencia de la crisis económica que atraviesa el país. En Cuba el turismo representa entre un 15 y un 20% de todos los ingresos de divisas extranjeras.
También abandona Cuba la minera canadiense Sherritt que operaba en sociedad mixta al 50% junto a la Compañía General del Níquel (extrayendo níquel y cobalto) en la provincia de Holguín. La minería supone entre un 10 y un 15% del total de las exportaciones.
La misma empresa canadiense también se retira de Energas, otro “joint venture” entre Sherritt, la Unión Eléctrica y Cuba Petróleo. Sherritt controlaba entre el 10 y el 15% de la producción eléctrica del país.
En las consecuencias de las sanciones se puede ver hasta donde el capital imperialista ya actuaba desde hace años en Cuba.
Al clausurar el XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). El presidente Miguel Díaz-Canel, aseguró que en la isla “jamás” se restaurará el capitalismo y afirmó que las transformaciones económicas en marcha no implican cambios en el sistema político. La primera parte de la declaración de Díaz Canel es falsa porque el capitalismo ya está restaurado en Cuba. La segunda parte de su declaración es la expresión de deseo que tiene el PC cubano de mantener el control político en la isla tal como lo hace el PC en China.
Cuba: un estado burgués semicolonial
A diferencia del paso del capitalismo al socialismo, en el que media un período de transición hasta llegar a la economía totalmente socializada y planificada, cuando se liquida la planificación la economía empieza a funcionar según las leyes del mercado. Es un proceso que se produce de manera relativamente abrupta. La economía o es planificada o la determina el mercado. No hay término medio ni economía mixta. Aunque el estado -aun estando en manos del partido comunista- mantenga una parte de la economía nacionalizada esto sería simplemente un capitalismo de Estado. No tiene vuelta atrás si no es por medio de una nueva revolución. Entre el estado obrero y el estado burgués no puede haber una transición que dure 30 años. Y menos todavía en una pequeña isla.
Los que todavía hablan de “la revolución cubana” como si fuera algo actual, vigente, y recién toman nota de las reformas capitalistas, deberían explicar desde el punto de vista marxista como es que Cuba siguió siendo un estado obrero (deformado desde su origen) mientras caía la URSS y en China se restauraba el capitalismo.
En una nota publicada en nuestra revista Manifiesto Internacional N°1 de abril de 2015, pero escrita en diciembre de 2008 para el Boletín Internacional de la LSI, titulada “La naturaleza de clase de cuba y el programa de los trotskistas”, decíamos:
<<A fines de los 70, la burocracia cubana, dependiente de la burocracia soviética, fue plenamente consciente de que la situación estaba cambiando. Por eso cuando los sandinistas tomaron el poder les aconsejó no hacer una nueva Cuba en Nicaragua, es decir que no expropiaran a la burguesía. Ya durante los 80 implementaron algunas tibias reformas, las que se fueron profundizando en los 90. Las principales concesiones se hicieron a las inversiones de capital imperialista.
Las inversiones extranjeras en asociación con empresas estatales (empresas mixtas), contratos de administración, y empresas de capital totalmente extranjero, fueron ocupando las principales ramas de producción, e incluso el sector inmobiliario y financiero.
Aproximadamente el 50% de la tierra estatal fue cedida en usufructo privado de las cooperativas de campesinos (UBPC) y a campesinos individuales, quienes aportan el 60% del total de la producción agropecuaria, una parte de la cual puede ser comercializada en los mercados libres agropecuarios.
Otras reformas fueron destinadas a favorecer la acumulación privada de una capa de la burocracia, al permitir el establecimiento de pequeñas industrias y comercios (pequeños negocios familiares).
Pero además se liquidó la centralización de las empresas estatales y con ello la posibilidad de planificación económica y se eliminó el monopolio estatal del comercio exterior. Con ello las empresas estatales producen según las normas del mercado y no según un plan elaborado centralmente por el estado.
Por eso, el hecho de que una gran parte de las empresas sigan siendo estatales no puede ser el elemento determinante para establecer el carácter de clase del estado.
Es el mercado el que guía la producción de las empresas estatales y no un plan económico (sea bueno o malo) centralizado, basado en el control estatal de las principales palancas productivas.
Por esto afirmamos que Cuba ya es un estado capitalista>>. Decíamos ya en 2008.
En otra nota publicada en la misma revista titulada: ¿Reapertura de relaciones o profundización de la Restauración capitalista? decía:
<<Las reformas económicas en Cuba, de apertura a las inversiones extranjeras vienen sucediéndose desde décadas atrás. En 1982 con el decreto Ley 50 se autorizó dicha inversión como un complemento de los proyectos nacionales y los que se realizaban con los países “socialistas” europeos. Posteriormente a partir del año´89, tras la caída del muro de Berlín y la implantación del periodo especial, se incrementa progresivamente la inversión extranjera en áreas como el turismo, petróleo, níquel, telecomunicaciones, alimentos, exportación de tabaco y ron, lo que debilita el embargo norteamericano.
Con vaivenes económicos (**), las inversiones extranjeras en Cuba ya están instaladas y se diseñan políticas para incrementarlas. En 2010 se inicia la construcción del nuevo puerto de aguas profundas en la zona de Mariel, y se decreta la nueva zona especial de desarrollo de Mariel, en la que se establecen a partir de su entrada en funcionamiento condiciones más favorables a la inversión extranjera que las vigentes en la época, entrando en competencia directa con los capitales que funcionan en la zona comercial del Canal de Panamá.
En su valoración del año 2014 el economista cubano José Luis Rodríguez expone en un artículo de enero de 2015 aparecido en el portal Cuba debate:
“De igual modo, continuó el crecimiento del pequeño sector privado urbano, en el que se computaron más de 477.000 trabajadores por cuenta propia al cierre del año, para un crecimiento de más de 30.000 nuevos emprendimientos durante el ejercicio.
Por otro lado, se han aprobado ya 498 cooperativas no agropecuarias, de las cuales se encuentran funcionando 329. Se destaca en este ámbito el programa de transferencia a esta forma de gestión de 12.988 pequeños negocios estatales en la esfera de la gastronomía y los servicios menores.
Finalmente, durante 2014 continuó adelante la descentralización de la gestión en las empresas estatales….”
La reforma constitucional de 2019 ya reconoció formalmente la propiedad privada de los medios de producción y la posibilidad de establecer empresas privadas de hasta 100 empleados, que ahora en estas nuevas reformas se amplía a 1000, por lo que la restauración está totalmente consumada.
El programa
En el momento actual Cuba está sometida a una fuerte presión económica por parte del imperialismo yanki, que amenaza incluso con una intervención militar:
¡Abajo el bloqueo de combustibles, abajo las sanciones económicas y el embargo histórico al que han sometido a Cuba!¡Armamento general del pueblo para combatir cualquier intento de agresión militar del imperialismo!
A diferencia de las falsedades que dice Díaz Canel, con las reformas aprobadas avanzará rápidamente la concentración del capital y la consolidación y desarrollo de una burguesía autóctona junto a las inversiones imperialistas. El gobierno del PC cubano no defiende a Cuba del imperialismo, solo defiende su régimen político para mantenerse en el poder. Sin embargo, el programa de los revolucionarios socialistas no puede ser el de la “democratización” burguesa de Cuba que es el programa del imperialismo. Pero dado que cambió el carácter social del estado, tampoco se trata sólo de un programa de revolución política. El programa debe expresar los antagonismos de la estructura social y el proceso de su movimiento histórico de estado obrero burocratizado a estado burgués, y las tareas que se le plantean a la clase obrera.
Es decir, no luchamos por la democracia en general ni para todos los partidos políticos, sino por democracia sindical y libertad de organización política sólo para la clase obrera:
Por el derecho a organizar sindicatos clasistas, independientes y autónomos del PCC y del gobierno cubano; Por el derecho a manifestación y huelga; Por los derechos laborales en las empresas del estado y las privadas; Por un salario digno; Contra los despidos; Por el control obrero en todas las empresas; Por el derecho a construir partidos obreros independientes. Libertad a los presos obreros y populares.
Por la formación de consejos obreros de base para administrar las empresas estatales y para establecer el control obrero en las empresas extranjeras; que sea la clase obrera la que decida democráticamente que concesiones se hacen al capital extranjero y en qué condiciones; por un gobierno de la clase trabajadora que reimplante el monopolio del comercio exterior; por granjas colectivas estatales para el campo; por la formación de comités de soldados que elijan a los oficiales y por el armamento general de la clase obrera. ¡Contra la restauración capitalista!
Por una revolución obrera y socialista que derroque a la camarilla gobernante del PC y la cúpula de las FARC, y establezca un Estado Obrero basado en organizaciones democráticas de tipo soviético, coordinadas y centralizadas por los propios trabajadores;
Por la construcción de un partido leninista, como parte integrante de una Internacional marxista revolucionaria; Por la revolución internacional hacia el socialismo.
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Otra vez ¿ha fracasado el socialismo?
En los años 90 los propagandistas del capitalismo lanzaron una campaña mundial anunciando la muerte del socialismo. Sin embargo, en ninguno de los países en los que se expropió a la burguesía nunca hubo socialismo. La burocracia stalinista que tomó el poder en la URSS después de la muerte de Lenin, para asegurar sus privilegios, internamente sostuvo con represión el control sobre la clase obrera.
Tras la segunda guerra mundial, la extensión de los regímenes stalinistas al este de Europa, aunque creó estados obreros deformados burocráticamente, no significó un impulso a la revolución internacional, sino el sojuzgamiento de la clase obrera este-europea bajo la dictadura de la burocracia, y traicionó la revolución socialista en el plano internacional para mantener la “coexistencia pacífica” con el imperialismo.
Por otro lado, el PC maoísta, tomó el poder en China en base a la guerra campesina, luego de que el stalinismo llevara a la derrota a la joven clase obrera en Shangai y Cantón. El maoísmo, hijo del stalinismo, impuso desde el principio una férrea dictadura burocrática apoyada en el partido-ejército campesino.
El carácter nacional de las burocracias pequeñoburguesas impidió la integración de los estados obreros deformados que dirigían, en una federación de estados obreros que potenciara el desarrollo conjunto de sus fuerzas productivas.
El stalinismo y el maoísmo no sólo no fueron el “socialismo real”, sino que bloquearon toda posibilidad de desarrollo socialista.
La propaganda de la derecha usará ahora la decadencia de Cuba, provocada por la burocracia castrista y el hostigamiento imperialista, como ejemplo de que el socialismo no funciona. El Estado obrero cubano se constituyó poco después de la revolución como consecuencia de las presiones yankis, y durante toda su existencia ha sido objeto de bloqueos y todo tipo de ataques incluyendo un intento de invasión derrotado en Bahía de Cochinos.
A partir de la ruptura con el imperialismo yanki Cuba pasó a depender enteramente de la URSS que se transformó en el punto de apoyo indispensable para sostener la economía cubana, entre otras cosas, intercambiando azúcar por petróleo.
Pero no se debe confundir la expropiación del capitalismo con el socialismo. Tras las expropiaciones Cuba pasó a ser un Estado Obrero deformado burocráticamente, pero nunca llegó al socialismo y nunca hubiera podido llegar con la política del stalinismo, que llevó a la derrota a la revolución mundial para arreglar la coexistencia pacífica y el reparto de zonas de influencia con el imperialismo yanki.
Tanto Lenin como Trotsky, basándose en el marxismo, entendieron que el socialismo nunca podría conquistarse en las fronteras de un solo país, sólo se podía alcanzar con la derrota del imperialismo en el plano internacional. El capitalismo en su fase imperialista transformó las economías nacionales en partes subordinadas e interdependientes de una única economía mundial. La propiedad privada de los medios de producción y los estados nacionales son una traba históricamente absoluta al desarrollo de las fuerzas productivas. Las sucesivas crisis económicas y dos guerras mundiales, y una tercera que está próxima, lo confirman.
Como explica Trotsky: “El marxismo parte del concepto de la economía mundial, no como una amalgama de partículas nacionales, sino como una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial, que impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales.
Las fuerzas productivas de la sociedad capitalista rebasan desde hace mucho tiempo las fronteras nacionales. La guerra imperialista fue una de las manifestaciones de este hecho. La sociedad socialista ha de representar ya de por sí, desde el punto de vista de la técnica de la producción, una etapa de progreso respecto al capitalismo. Proponerse por fin la edificación de una sociedad socialista nacional y cerrada, equivaldría, a pesar de todos los éxitos temporales, a retrotraer las fuerzas productivas deteniendo incluso la marcha del capitalismo. Intentar, a despecho de las condiciones geográficas, culturales e históricas del desarrollo del país, que forma parte de la colectividad mundial, realizar la proporcionalidad intrínseca de todas las ramas de la economía en los mercados nacionales, equivaldría a perseguir una utopía reaccionaria.”
La economía es un fenómeno mundial, es una única economía mundial, aunque tenga particularidades nacionales que presentan grandes diferencias entre un país y otro. Las principales diferencias están entre los países imperialistas (llamados desarrollados) y los países semicoloniales atrasados en el desarrollo de las fuerzas productivas. El socialismo solo se alcanza cuando las fuerzas productivas de un Estado Obrero llegan al nivel de los países desarrollados y ya se han eliminado las clases explotadoras. El comunismo cuando la abundancia de bienes, debido a la gran productividad del trabajo, permite que el Estado se vaya extinguiendo, lo mismo que el dinero, y que la producción y la distribución de los bienes se guíe no por una igualdad formal sino por la igualdad de contenido de la consigna comunista: «De cada cual, según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades». Evidentemente el socialismo -y menos todavía el comunismo-, no se puede alcanzar en un país aislado -por el hostigamiento imperialista- del resto de la economía mundial. Un nivel de desarrollo económico capaz de asegurar la desaparición de la división de la sociedad en clases, y capaz de dar a cada cual según sus necesidades y reclamarle su aporte a la sociedad según sus posibilidades y capacidades, sólo es posible si se expropia a la burguesía en los países imperialistas más importantes y se liquida la traba de las fronteras nacionales por medio de una federación libre de estados socialistas.
Los estados obreros transitorios solo podían ser jalones, palancas en la lucha por la revolución mundial. Sin embargo, los regímenes stalinistas a la par que defendían sus prebendas, sus privilegios como casta burocrática, socavaban las bases económicas para la transición al socialismo y traicionaban la revolución internacional pactando el status-quo con el imperialismo.
La expropiación de la burguesía posibilitó un gran desarrollo de las fuerzas productivas, pero inevitablemente, con la dirección de la burocracia stalinista y ante la presión del imperialismo, habría de agotarse en sus límites nacionales.
Finalmente, el pronóstico alternativo de Trotsky que indicaba que, o triunfaba la revolución obrera contra el stalinismo y contra el imperialismo en el plano internacional o la restauración capitalista se impondría en los estados obreros burocráticos, se cumplió por la negativa.
Si es imposible el socialismo en un solo país, es menos posible todavía llegar al socialismo en una pequeña isla como Cuba. Si estados obreros burocráticos de incomparablemente mayor desarrollo económico sucumbieron a la restauración capitalista, sólo el triunfo de una revolución política, con una dirección obrera marxista revolucionaria, impulsando la revolución socialista internacional, hubiera sido capaz de sostener el estado obrero cubano. Pero la burocracia castrista nunca fue ni obrera ni marxista. Su carácter pequeñoburgués los llevó a ir por el camino de la restauración capitalista, a la vez que tratan de sostenerse en el poder para asegurarse un lugar privilegiado dentro de la nueva burguesía emergente.
Lo demás es todo cuento de la burocracia stalinista y la propaganda capitalista: Ni Cuba ni Venezuela ni son ni fueron socialistas, ni China es comunista. Cuba hace rato dejó de ser un estado obrero. En Cuba el capitalismo se restauró de la mano de la propia burocracia castrista.
Sólo el triunfo de la revolución mundial y la derrota del imperialismo pueden abrir paso a la sociedad socialista y al comunismo.
Antonio Bórmida, 9/7/26
(*) GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.) es el conglomerado empresarial más grande de Cuba, propiedad de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) y operado por los militares cubanos. Fundado en la década de 1990 por Raúl Castro para dotar al ejército de autosuficiencia financiera. Es considerado una de las «instituciones más poderosas» del país. Se estima que controla al menos el 70% de la economía cubana, con ingresos tres veces superiores al presupuesto estatal.
GAESA posee intereses principalmente en los sectores del turismo, inversión financiera, importación, exportación y remesas a la economía cubana. Su portafolio incluye empresas constituidas en Panamá. Está compuesta por decenas de empresas y también operan en los sectores de hoteles, construcción, logística portuaria, pesca, servicios financieros y comercio minorista. Con respecto a la industria hotelera, tiene control exclusivo sobre ella, de la cual ha obtenido históricamente miles de millones de dólares estadounidenses y canadienses en ingresos.
(**) Las reformas pro-capitalistas se aceleraron en la crisis provocada por la suspensión de la ayuda económica proveniente de la ex URSS, con el llamado período especial. Sin embargo, avanzaron lento a partir de que ese lugar de auxilio económico fue parcialmente ocupado por la Venezuela de Chávez, que subvencionaba los envíos de petróleo a Cuba. Vuelven a tomar impulso cuando asume Raúl Castro, en 2008, en plena crisis de la economía mundial. Bajo la presidencia de Raúl Castro se concretó́ el despido de 500 mil empleados estatales (a los que se les ofreció́ reubicación en peores condiciones, o recibieron licencias para trabajos independientes, o terminaron en el trabajo informal) y una reforma laboral que permite la ampliación de la jornada laboral, sin considerar ningún pago como horas extras, y el despido sin causa y sin derecho a indemnización. Reformas reaccionarias que muchos gobiernos burgueses hubieran querido hacer y no pudieron por la resistencia sindical de los trabajadores, mientras que en Cuba no hay derecho a huelga, y no se permite ninguna organización sindical por fuera de los sindicatos controlados férreamente por el PC.
