La lucha en Bolivia contra el DS 5503

Rodrigo Paz, nuevo presidente de Bolivia, comenzó su gobierno queriendo imponer un decreto brutal para las masas trabajadoras, pero tras 3 semanas de marchas y bloqueos tuvo que retroceder y abrogarlo. Fue la COB la que lo salvó de una derrota mayor, dado que sus dirigentes se apresuraron a acordar. Cuando el movimiento estaba en franco ascenso, actuando como bomberos de una situación que amenazaba con volverse incontrolable, la COB aceptó todo lo referido a la quita de subvención a los combustibles (gasolinazo) y otros puntos del decreto.

A pesar de este desenlace que deja un sabor agridulce, pero que no podía ser muy diferente dada la naturaleza de la dirección cobista, la respuesta espontánea y contundente de las masas, su capacidad de movilización y articulación, el empleo de métodos de lucha radicales, todo impulsado por un fuerte sentir anti imperialista, son una bocanada de aire fresco en una época donde en la mayoría de los países de América Latina los paquetes de ajustes dictados por el FMI han sido impuestos con pocos sobresaltos. De esta manera las masas bolivianas le marcan de entrada la cancha al gobierno de Paz.

El DS 5503

El decreto en cuestión es un paquete de ajustes a los trabajadores y de beneficios para los grandes empresarios, transnacionales mineras y petroleras y latifundistas. Uno de sus puntos es el gasolinazo que elevó el precio de la gasolina en un 86% y del diesel en un 163% de manera automática, provocando un efecto inflacionario en todos los productos de primera necesidad.

Pero sus 120 artículos van mucho más allá del gasolinazo, marcan una orientación que profundiza el carácter semi colonial del país. Por ejemplo, abre las puertas a contratos “fast-track” (expeditos) y confidenciales en sectores estratégicos de la economía, como minería, hidrocarburos y energía. Este mecanismo permite a los capitales transnacionales eludir todo tipo de “salvaguardas” legales, medioambientales y comunitarias, con una aprobación exprés de los contratos en 30 días, y una garantía de condiciones impositivas preferenciales durante 15 años, sobrepasando al parlamento y las consultas a los pueblos indígenas (OIT Convenio 169). Además, si cualquier funcionario público incumple la cláusula de confidencialidad será procesado por vía penal.
También libera las exportaciones, otro acicate a la inflación debido a que no se exige cubrir el mercado interno. Esta medida, junto con el gasolinazo, triplicaron en pocos días el precio de la carne de res y del aceite.
Otros beneficio para la gran burguesía son las exenciones fiscales, al mismo tiempo se le pretende cobrar impuestos a los cuentapropistas, muchos de los cuales sobreviven a duras penas.

Desarrollo de las movilizaciones y pacto

El miércoles 17 de diciembre el gobierno promulgó el decreto. Envalentonado por un discurso fuertemente instalado por todo el arco político burgués, incluido el MAS, intelectuales y medios de comunicación, de que el gasolinazo era inevitable, Paz calculaba que podría hacer pasar el decreto.
Y no era un cálculo muy errado. Mientras la lucha se limitó al gasolinazo, fue importante pero se iba apagando.  Encontrando fuerte resistencia no solo de las clases acomodadas sino también entre sectores empobrecidos de la ciudad, como muchos comerciantes de los mercados populares, que enfrentaron a los manifestantes repitiendo los argumentos del gobierno.

Durante esa primera semana, el jueves 18 se manifestaron contra el gasolinazo la CSUTCB (federación campesina), la FSTMB (mineros asalariados) y magisterio urbano. Esto presionó para que el viernes 19 la COB se reuniera en ampliado y anunciara paro general indefinido movilizado. Sin embargo, no hay que entusiasmarse por lo altisonante que suenan esas palabras, nadie (excepto algunos sindicatos de transportistas) paró en las 3 semanas de lucha. Los métodos se centraron en marchas y bloqueos.
El lunes 22 fue la marcha en La Paz, que dejó sabor a poco dada la magnitud de lo que estaba en juego. La sensación era que a partir de entonces las protestas irían a menos.

Pero entonces se empezó a debatir ente los trabajadores la profundidad del decreto, y caló hondo su carácter entreguista de los recursos naturales. Para sorpresa de muchos, entre los cuales me incluyo, el sentir anti imperialista de las masas demostró impactar mucho más fuerte que una medida de brutal ajuste inmediato como el gasolinazo. Esto fue decisivo para lo que vino después.
Bajo esta reorientación el sábado 3 de enero sale de Calamarca la marcha convocada por la COB  “Bolivia no se vende”. A partir de ese momento los dirigentes cobistas empezaron a afirmar sin sonrojarse que estaban de acuerdo con el gasolinazo y que el problema era sólo la entrega de los recursos naturales.
El lunes 5 la marcha llega a La Paz con una entrada que esta vez sí es multitudinaria, aproximándose al medio millón y con la adhesión de todas las federaciones de trabajadores. La COB se retira de la mesa de negociación luego de que el gobierno se negara a abrogar el decreto.

A partir de entonces toda Bolivia queda bloqueada, con las comunidades campesinas, especialmente las altiplánicas, como grandes protagonistas, dado que fueron a lo largo de todo el conflicto y con mucha diferencia las más radicalizadas, exigiendo la renuncia de Paz con la consigna “que se vaya a España”. Pero también los fabriles y los mineros empezaban a aparecer en escena con fuerza, mostrando en la práctica la vigencia de la alianza obrero campesina para la revolución boliviana, tal como ocurrió en la guerra del gas.

Y fue precisamente el domingo 11, cuando la movilización estaba en su punto más alto, cuando para el lunes se estaba preparando una marcha que haría parecer pequeña la del lunes anterior, cuando la COB decide pactar y desmovilizar. Por eso, no les faltó razón a los dirigentes campesinos del altiplano paceño -que son los ponchos rojos- para golpear al secretario general de la COB Mario Argollo tras el acuerdo con el gobierno. La traición no es por ingenuidad o incapacidad, es porque el movimiento de masas amenazaba no solo con desbordar al gobierno sino a los propios burócratas cobistas.

El lunes 12, a pesar del acuerdo, las comunidades campesinas mantenían 52 puntos de bloqueo, pero aisladas del movimiento obrero el gobierno ya procedió a la represión y a la persecución de dirigentes.

Independientemente de si el gobierno termina de apagar en los próximos días los focos que quedan, es innegable que el movimiento de masas le torció el brazo.

La naturaleza del acuerdo

Hay muchos analistas, incluso que se dicen marxistas, del POR, de la UIT ci, y otros que coquetean con los burócratas, que afirman que la COB no traicionó porque logró lo que le exigieron las bases en ampliado de muchas federaciones, la abrogación de lo fundamental del decreto que era su carácter entreguista y que esos artículos fueron eliminados.

La lucha es dinámica, exactamente el mismo acuerdo puede ser un logro en una situación de retroceso o una traición si el movimiento esta en ascenso. Los campesinos entendieron que se podía lograr la abrogación completa, incluido el gasolinazo, porque la correlación de fuerzas ya era favorable. Más allá de los que digan ciertos intelectuales de izquierda, campesinos y obreros de base que fueron la vanguardia de la lucha saben que fueron traicionados.

Una dirección que permite y justifica el mayor ajuste a la clase trabajadora en los últimos 40 años y que incluso mantiene esa orientación cuando la situación se vuelve favorable para evitarlo, es traidora, no puede tener otro nombre. Esto es independiente de si parte de las bases haya comprado el discurso de la supuesta inevitabilidad del gasolinazo.

Pero además una dirección obrera, si defiende los intereses de la clase obrera, debe negar que exista la inevitabilidad del gasolinazo, que pretende que la crisis que provocó la burguesía la paguen los trabajadores. La falta de combustible es porque no hubo nacionalización, se alentó a las transnacionales al extractivismo agotando las reservas. En otras palabras, aceptar la inevitabilidad del gasolinazo también es aceptar la política entreguista que provocó la crisis energética. Los bolivianos podrán disponer de combustible barato solo si son los verdaderos propietarios de los hidrocarburos, no en el papel de una constitución sino en lo concreto, y para esto es necesaria una nacionalización real bajo administración obrera. Obviamente esa consigna va más allá de la dirigencia cobista que limita sus demandas al orden burgués.  Lo que significa que en épocas de crisis sistémica los burócratas son facilitadores del ajuste.

Pero además de aceptar el gasolinazo, aceptan los créditos al sistema financiero, art. 5 en adelante, y anuncian que se elaborara un nuevo decreto donde los demás puntos serán discutidos en mesas de trabajo entre el gobierno y distintos sectores de la COB. Podemos prever como terminaran esas “mesas de trabajo”, con el gobierno reformulando los artículos pero manteniéndolos en esencia. En todo caso, el presidente no firmó el acuerdo, sino sus ministros, guardándose la posibilidad de desconocerlo si lo ve posible.

 La falta de una dirección obrera revolucionaria

No se puede pedir peras al olmo dice el refrán. Los dirigentes cobistas son burócratas. Traicionar a sus bases es a lo que se dedican. Si esto era verdad incluso en la época gloriosa de la COB donde las bases presionaban a izquierda a sus dirigentes, mucho más lo es ahora, recordemos que Guido Mitma en 2012 fue el último secretario general elegido en Congreso, a partir de entonces han sido puestos a dedo por los gobiernos de turno o han negociado con ellos para que los ayuden a prorrogarse. La dirigencia de la COB se ha desprestigiado al punto que pueden hacerse los combativos llamando a huelga general porque tienen la certeza de que nadie les va a llevar el apunte. Pero a las masas les cuesta improvisar una dirección durante una lucha y suelen volver a lo que conocen, y a fin de cuentas la COB sigue siendo el ente matriz que aglutina a todos los sectores.

Hay que decirlo sin rodeos, y esto va para todos aquellos que idealizan a la COB, las masas bolivianas para triunfar deberán desbordar a los burócratas de la COB. El ente matriz de los trabajadores podría pasar de ser un mero ente sindical a convertirse en un gran órgano de masas para la lucha por el poder sólo si fuera dirigido por un verdadero partido revolucionario. En todo caso, la existencia de tal partido y su encumbramiento al rol de dirección es imprescindible. Pero también es posible que una situación revolucionaria no de tiempo para hacer coincidir a la dirección de la COB con las necesidades de la lucha, si ese fuera el caso, las masas deberán abrirse paso con la creación de órganos de lucha adecuados a la situación. Sería un crimen intentar poner un freno a procesos espontáneos de ese tipo bajo el esquematismo de que la lucha por el poder debe estar bajo la tutela de la COB.

En definitiva, la crisis de dirección, al igual que en todo el mundo, sigue siendo el talón de Aquiles que le pone límites a la lucha espontanea de las masas bolivianas que sin dudas han dado muestras de estar despiertas y con clara consciencia anti imperialista.

Joaco Cuevas, 16/1/26

[PCO, Partido de La Causa Obrera de Argentina]

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