El chavismo capitula ante el imperialismo: El fin del “doble juego” y la entrega total

La máscara del “nacionalismo revolucionario” ha caído definitivamente. Tras la reciente acción militar dirigida por Washington para descabezar al Ejecutivo, el mundo es testigo de una capitulación servil que revela la verdadera naturaleza de la burguésia gobernante. El chavismo, golpeado y sin margen de maniobra, ha decidido claudicar para preservar sus privilegios, aceptando su nuevo rol como administrador de una semicolonia bajo el mando único de los Estados Unidos.

Durante años, la cúpula chavista intentó sostener un peligroso “doble juego” geopolítico: servir a los intereses del imperialismo chino mientras mantenía vínculos comerciales y energéticos con el estadounidense. Esta política de oscilación, propia de un bonapartismo que busca sobrevivir vendiéndose al mejor postor, llegó a su fin.

Para Washington, este juego de servir a dos amos resultó intolerable. La reciente agresión militar tuvo como objetivo forzar la capitulación absoluta y obligar al chavismo a elegir. La respuesta de la dirección chavista ha sido inmediata y obediente: han abandonado el eje de Pekín para reportarse como vasallos exclusivos del gobierno de Donald Trump.

Lo que el discurso oficial intenta vender como “estratégia diplomática” es, en realidad, una respuesta obediente a los dictados de Donald Trump. La asunción de Delcy Rodríguez al control del país no es un acto de continuidad constitucional, sino la ejecución de un diseño trazado en el Departamento de Estado. Las revelaciones sobre sus conversaciones previas con Marco Rubio demuestran que la transición estaba pactada a espaldas del país.

Más grave aún es el papel de la cúpula militar y de la inteligencia. Padrino López y Diosdado Cabello, quienes juraron “defender la patria hasta las últimas consecuencias”, se han reportado disciplinadamente ante la nueva administración impuesta. La orden de Maduro de ir a una “Huelga General Indefinida” ante su captura, fue sustituida por llamados a la “calma” y la “normalización” y luego validada por el mismo enviando desde su reclusión el mensaje “Confíen en Delcy” que expreso su hijo en alocución nacional. La orden es clara: desmovilizar para entregar.

Las acciones económicas de la última semana hablan más fuerte que cualquier cadena nacional. La consigna de “ni una gota de petróleo al imperialismo” ha sido sustituida por comunicados de PDVSA que celebran proyectos de intercambio comercial de gran magnitud con EE.UU.

Nuestra nueva realidad como semi colonia bajo tutela directa de EEUU se materializa con:

El envío de Venezuela de 11 buques de Chevron.
El cese del suministro de petróleo a Cuba, una ofrenda de lealtad exigida por Trump.
El cese de envío de petróleo a China.
El decreto de la Casa Blanca que otorga a EE. UU. la administración directa del dinero por la venta del petróleo venezolano. Bajo la excusa de la “reconstrucción”, el imperialismo ha tomado el control total del principal recurso de la nación.

Mientras tanto el chavismo responde llamando a marchar para aplacar a las bases chavistas que aún creen en el discurso antiimperialista, Delcy Rodríguez mantiene el simulacro de que “Maduro sigue gobernando”. La táctica es mantener a las bases marchando para cansarlas, desahogar la presión social en movilizaciones estériles y evitar que la desmoralización se convierta en una insurrección independiente contra la traición.
Mientras la delegación estadounidense evalúa la reapertura de su embajada en Caracas, el gobierno intenta justificarlo como una “victoria diplomática”. No lo es. Es la rendición de una burguesía que se sostiene de la burocracia y que no tiene la voluntad ni la capacidad de defender el país ante el ataque imperial porque, en última instancia, sus intereses de clase están más cerca de los negocios con Wall Street y que son antagónicos con los trabajadores venezolanos.

Los acontecimientos de esta última semana desenmascaran al chavismo: no son capaces de defender la nación porque no son una dirección obrera revolucionaria, sino una burguésia negociadora que sobrevive solo de estar pegada al aparato del estado. Nos han llevado de ser una semicolonia en disputa a prácticamente un protectorado subordinado a una sola potencia.

Desde las trincheras revolucionaria, llamamos a los trabajadores a romper con este engaño. La lucha contra el imperialismo no vendrá de quienes se reportan obedientes a Trump tras haber servido a Xi Jinping. La soberanía solo será real bajo un Gobierno Obrero que expulse a todas las potencias y ponga los recursos del país al servicio de los explotados.

Comité de Enlace PCO (Argentina/Venezuela), 15/1/26

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