Condenamos categóricamente el ataque realizado esta madrugada por fuerzas estadounidenses en territorio venezolano. Es la consumación de la descarada agresión imperialista que había comenzado con el bloqueo naval, los ataques contra supuestas lanchas narco, y el secuestro de buques petroleros.
Durante este ataque, EEUU ha capturado a Maduro y su esposa. Esta acción se produce ante la pasividad absoluta de Rusia y China que no han pasado de las declaraciones, a pesar de que durante el día de ayer Maduro se reunió con el enviado especial de China para América latina, Qiu Xiaoqi, y una delegación de ese país, en el Palacio de Miraflores, con el supuesto objetivo de contrarrestar las intimidaciones.
Ninguna de estas acciones de Trump tiene como verdadera causa el combate al narcotráfico. El objetivo del ataque yanki es establecer un gobierno alineado incondicionalmente con sus intereses políticos y económicos. O en todo caso una transición pactada hacia ese objetivo, si la salida de Maduro hubiera sido fruto de un acuerdo. Esta hipótesis no se puede descartar desde el momento que las palabras de Trump acerca de que “ahora vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y prudente”, y su afirmación de que Marco Rubio está negociando con Delcy Rodríguez la transición: “La vicepresidenta habló con Marco Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos”, no fueron negadas o refutadas por Delcy Rodríguez en declaraciones públicas posteriores.
Todo trabajador consciente debe repudiar este ataque, por más odio que le tuviera al dictador Maduro que desde hace años viene reprimiendo al pueblo venezolano y hundiéndolo en la miseria, encarcelando a activistas obreros y populares que luchan defendiendo el derecho y las necesidades de los trabajadores.
Es que este ataque no se hace en beneficio del pueblo trabajador sino para hundirlo y someterlo más aún. Para que no haya ningún cuestionamiento a las órdenes impartidas por el amo del norte. Para usurpar las riquezas nacionales, su petróleo y sus minerales. Para imponer un régimen más dictatorial, así sea disfrazado de “democracia”, de la misma manera como lo hacía Maduro.
Del resultado de este ataque y captura de Maduro, no saldrá nada bueno para el pueblo venezolano.
Pero las consecuencias de la acción yanki no se limitan a Venezuela, sino que harán sentir crudamente su influencia en todo América. La presión norteamericana para que los gobiernos de la región rompan los lazos con China tendrán ahora una nueva gran base de apoyo. Influirá en las próximas elecciones en Colombia que ocurrirán a fines del mes de mayo. Y tendrá su efecto en las relaciones de Trump con Lula quien ya dieron mutuos pasos de “conciliación”. Las negociaciones entre Trump y Brasil o México se harán ahora desde una relación de fuerzas mucho más favorable al imperialismo yanki. En Groenlandia el gobierno de Jens-Frederik Nielsen ya estará poniendo las barbas en remojo.
Esta situación refleja la impotencia de los gobiernos capitalistas “nacionales y populares” (Chávez; Kirchner; Evo Morales) que surgieron a su vez de los levantamientos obreros y populares contra los gobiernos neoliberales. Todos los intentos de establecer un regimen “intermedio” entre la dictadura del capital y la dictadura del proletariado han fracasado. El stalinismo, que tuvo que traicionar un sinnúmero de revoluciones para realizar la “coexistencia pacífica” con EEUU y consolidar su dominación burocrática en contra de los trabajadores en la URSS y Europa del Este, quedó en ese limbo intermedio y por lo tanto se derrumbó.
Ahora no hay más lugar a medias tintas. EEUU viene por todo. La crisis de 2008 fue la señal de alarma para las burguesías imperialistas que desató la lucha por sobrevivir a costa de hundir a los demás. El mercado mundial es estrecho para tanto capital imperialista. La irrupción de China, que de válvula de escape a las necesidades de inversión del capital imperialista se ha convertido en el principal rival en la disputa por el mercado mundial, exacerba las tensiones y pone a la orden del día el estallido de una nueva guerra mundial.
EEUU se mueve en esa dirección. El control sobre América toda, no es un fin en sí mismo, sino un medio para “hacer a América grande de nuevo”, para detener su decadencia y recuperar fuerzas para el enfrentamiento contra China que determinará quien va a ser el imperialismo hegemónico de este siglo XXI. El acuerdo de paz por el que brega EEUU entre Ucrania y Rusia, es el intento de llegar a determinados acuerdos con Putin para que no intervenga en alianza militar con China a cambio de dejarle las manos libres en Europa.
Así como en varios países ha ganado la derecha, no hay que extrañarse que no vaya a haber grandes movilizaciones contra el imperialismo. Algunas organizaciones de izquierda (IS-UIT) le reclaman a los gobiernos burgueses que convoquen a movilizar como si fueran dirigentes de la clase trabajadora o luchadores pequeñoburgueses antimperialistas. Otros (LIT-CI) reclaman que Lula, Petro, Sheinbaum “ayuden directamente a Venezuela a repeler militarmente estas acciones”. Es una expresión de cómo han retrocedido en sus posiciones de principio desde que con argumentos “democráticos” burgueses se han posicionado en la trinchera imperialista de la OTAN, uno de los dos bandos imperialistas que combaten en la guerra de Ucrania. Han llamado a votar por el mal menor burgués contra las derechas y ahora apelan a la burguesía socialdemócrata para movilizar a las masas contra el imperialismo. Los más moderados (MST-LIS) “exigen” que los gobierno latinoaméricanos y del mundo se pronuncien contra el ataque. Ya inmediatamente algunos gobiernos se lavarán la cara con declaraciones, de la misma manera que cuando la presión yanki arreciaba se lavaron las manos a lo Poncio Pilato, dejando que la agresión avanzara. Los gobiernos abiertamente cipayos como el de Milei directamente festejan “el avance de la libertad” imperialista.
Pero la intervención yanki ya es un hecho. La verborragia de los grupos pretendidamente revolucionarios que no se apoyan en la realidad del movimiento de masas solo sirve de catarsis. El avance del imperialismo en América no será detenido por medio de marchas pacíficas. ¡Ganar las calles! gritan, sin otro objetivo que manifestar su fe antimperialista o la defensa de una inexistente soberanía nacional burguesa. Pero las manifestaciones no pueden ser un fin en sí mismas, y menos en este caso donde ni siquiera pueden servir de presión para objetivos reformistas. Las manifestaciones solo pueden servir como medio de agitación y preparación, para crear la conciencia necesaria tras un objetivo claro. Para revertir el avance imperialista y para frenar su compulsión guerrerista lo que hace falta es derrocar sus gobiernos títeres y aquellos que se aprestan a negociar con él e instaurar gobiernos de trabajadores que expropien a la burguesía y al imperialismo, único camino hacia la liberación. Solo la revolución socialista, sobre todo en los centros imperialistas puede impedir la tercera guerra mundial. La conciencia de esa necesidad es la que ahora debemos difundir y organizar en partido revolucionario a la vanguardia que se destaque a partir de ella.
3/1/26
Comité de Enlace PCO (Argentina)-CSR-El Topo Obrero (Venezuela)
