El ascenso en las encuestas de la popularidad de Myriam Bregman ha provocado una gran discusión en el seno de “la izquierda” y en particular en el FITu. El PTS trata de canalizar la simpatía en forma de organización militante por medio de los “comités junto a MB” que podrían llamarse también reflejando mejor el sentido electoral que los convoca “comités por MB presidenta”.
Teniendo en cuenta que se reivindican trotskistas, ¿Un gobierno encabezado por MB y el PTS sería realmente un gobierno revolucionario de la clase trabajadora?
En programas periodísticos, al ser preguntada que haría si fuera presidenta, Myriam Bregman (MB) responde inmediatamente que “hay que hacer una asamblea constituyente”. Lo mismo dice el programa (Manifiesto) que el PTS adelanta para organizar a los simpatizantes de Bregman:
“Aunque esta forma de gobierno (la democracia) se degrada cada día más, millones siguen confiando en el sufragio universal como la mejor forma de expresar su voluntad. Ante eso, en el camino de luchar por un gobierno de la clase trabajadora, pelearemos junto a ellos por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana (AC), la institución más democrática posible dentro de este sistema.”
El respeto al sufragio universal que observa el PTS omite explicar que en las últimas elecciones el ausentismo fue un proceso de dinámica creciente que alcanzó un 35% del padrón electoral, alrededor de 12 millones de personas. ¿Qué proceso quiere desarrollar el PTS? ¿profundizar el rechazo a la institucionalidad burguesa o ayudar a mantener las ilusiones en el régimen democrático-burgués? Evidentemente, si alimenta expectativas en que se puede alcanzar un gobierno de trabajadores por medio de las elecciones burguesas, la campaña electoral alentará las ilusiones en el actual orden burgués.
El reforzamiento de esas ilusiones se presenta elevada al cuadrado en el programa y la propaganda de MB/PTS, ya que también anuncia que convocaría a elecciones para una AC.
Pero si MB ganara las elecciones presidenciales, ese sería suficiente respaldo al programa que propuso en la campaña. ¿Para qué haría falta una nueva votación?
La muletilla “En el camino…” es muy usada en la izquierda para justificar que hacen lo opuesto de lo que deberían hacer un partido trotskista. El final revolucionario del “camino” nunca llega, siempre se quedan en paradas reformistas intermedias que no solo no van en la misma dirección, sino que se desvían del camino revolucionario para terminar integrándose como ala izquierda al régimen capitalista.
En realidad, el camino que toman MB/PTS solo busca conseguir votos para un programa socialdemócrata de reformas dentro de “este sistema”.
El problema es muy sencillo. Un partido revolucionario debería llamar a los trabajadores a instaurar su propio poder de clase, y discutir las acciones de gobierno en sus organismos representativos elegidos en las asambleas de las fábricas, establecimientos laborales y barrios obreros.
En cambio, MB/PTS se plantean respetuosos del sufragio universal que está compuesto también por la clase media y los sectores reaccionarios que votaron por Milei, por lo que -para poner un ejemplo- si en una AC se votara que hay que seguir pagando la deuda, MB presidenta ¿no tendría más remedio que gestionar la economía al servicio del capital financiero y el imperialismo?
La política del bolchevismo no consiste en respetar el sufragio universal, sino en desarrollar los organismos de lucha de la clase obrera y sus aliados explotados y oprimidos. No consiste en “ampliar” o “mejorar” la democracia burguesa, sino en instaurar la dictadura del proletariado. Y, como explicaron Marx y Engels desde el Manifiesto Comunista, eso hay que decirlo abiertamente.
MB/PTS deberían decir claramente que un gobierno de trabajadores no se apoyaría en el parlamento, ni por lo tanto tampoco en una AC, sino en las organizaciones de lucha de basadas en asambleas de la clase trabajadora para tomar como una de sus primeras decisiones el desconocimiento de la deuda pública (externa e interna). Y que para defender ese gobierno y a nosotros mismos, los trabajadores tendríamos que armarnos.
Si no dice cómo hay que hacer para aplicar el programa desde el poder, si en cambio dice que piensa supeditarse a una AC, el gobierno de trabajadores es una mentira y lo único que se pretende es reformar el capitalismo mediante el engañapichanga de “la institución más democrática posible dentro de este sistema”.
La AC no tiene un carácter progresivo en sí mismo
Como institución para constituir la democracia republicana fue progresiva con relación a las monarquías.
Pero hace rato que las monarquías fueron derrocadas y la sociedad en todos los países es capitalista. La tarea actual no es derrocar monarquías feudales sino derrocar al régimen burgués. Para derrocar al régimen burgués y constituir un Estado Obrero hacen falta instituciones de la clase obrera como los soviets u organismos similares. No se puede construir un Estado Obrero y avanzar al socialismo sobre la base de una institución de la democracia burguesa como es AC.
Pero, el PTS, que como toda organización centrista se parece a un chancho enjabonado, nos aclara que “Enseguida quedará claro: los grandes empresarios no querrán ceder nada de sus privilegios… [¿el PTS cree que hace falta una AC para que los trabajadores se den cuenta que los empresarios no quieren ceder sus privilegios?] Si es necesario recurrirán a la corrupción o a la fuerza. Boicotearán cada medida favorable al pueblo que vote esa Constituyente. O apoyarán medidas autoritarias. Por eso, en ese proceso será fundamental impulsar organismos de autoorganización de la clase trabajadora. Esa fuerza podrá defender cada conquista y en esa pelea abrir el camino para luchar por un poder propio”.
Es como una mamushka petesiana. En la carta de Aldo Casas e intelectuales imaginaban que “no se puede descartar la posibilidad de que una insurrección tenga lugar para defender al poder conquistado electoralmente”. La mamushka petesiana dice que no se puede descartar que si MB gana las elecciones y convoca a una AC los empresarios no quieran ceder nada, recurran a la corrupción o a la fuerza y de allí se abriría el camino para luchar por un poder propio. Es la misma ficción de Aldo Casas con la AC en el medio.
En primer lugar, es ciencia ficción pensar que MB puede ganar las elecciones. Las mismas encuestas que le dan un porcentaje importante de simpatía indican un porcentaje de intención de voto de alrededor del 10%. La mención a la AC solo sirve para ganar votos en las clases medias e introducir o reforzar ilusiones democráticas en la “nueva” clase trabajadora. Como a nadie se puede convencer de la utilidad de convocar una AC que va a ser boicoteada por los capitalistas o liquidada por la fuerza, en el discurso de campaña prevalecerá el embellecimiento de la AC como “la institución más democrática posible dentro de este sistema”, lo que implica que el eje de la política de MB/PTS en su primera etapa de agitación electoral será la de ampliar la democracia o democratizar el régimen “dentro de este sistema”.
Nosotros no rechazamos de manera absoluta la consigna de AC. En ciertas condiciones, por ejemplo, si estuviéramos bajo una dictadura, esa consigna podría cumplir un papel movilizador.
Si hubiera importantes sectores de la población que reclamasen la convocatoria a una AC se podría apoyar esa demanda para acelerar la experiencia, pero combatiendo las ilusiones en el régimen democrático burgués, explicando que sólo un gobierno obrero y popular puede convocar una AC que sea verdaderamente libre y soberana, y que sus resoluciones solo se podrían aplicar si está apoyada por el pueblo en armas. (1)
Pero no hay ahora ningún sector de la clase trabajadora, ni sectores amplios de la clase media empobrecida que ni siquiera piensen en una AC como vía para resolver su situación, como tampoco hubo en los 90 cuando Zamora/MAS impulsaron la consigna de AC, ni hubo en el 2001 cuando esa consigna la impulsaron el PTS y otros partidos de izquierda. Por lo que levantar la convocatoria a una AC solo sirve para inculcar ilusiones en la posibilidad de una democratización del régimen burgués.
No hay que confundir a los trabajadores. Hay que explicarle claramente la verdad, -como dice en su manifiesto- que “un gobierno del pueblo trabajador necesita romper con este régimen y con sus instituciones, que solo sirven al poder económico. Sin romper con esa estructura, cualquier gobierno progresista o popular que llegue por vía electoral se limitará a negociar el ajuste y la entrega nacional, o será un gobierno sin poder”.
El problema es que, en una clara expresión de su centrismo, el PTS dice una cosa y la otra que es contrapuesta a la vez: que hay que romper con las instituciones del régimen y al mismo tiempo que hay que luchar por la AC.
Notesé que el PTS, en su intento de ganar votos, omite decir que para instaurar un gobierno de trabajadores que rompa con el capitalismo hace falta una revolución. Cuando dice que la AC puede ser liquidada por la fuerza de la reacción omite decir que está hablando de la intervención golpista de las Fuerzas Armadas y del aparato de represión del régimen burgués, y omite plantear la necesidad del armamento de la clase trabajadora. No puede haber ninguna excusa para dejar de plantear las tareas vitales y estratégicas. Si se trata de eludir la censura por lo menos deberían hablar de la autodefensa.
En las discusiones sobre el Programa de Transición con los militantes del partido norteamericano (SWP) Trotsky advertía que “hemos de desarrollar este programa (de transición) paralelamente a la idea del partido obrero en los sindicatos y a la de la milicia obrera” o comités de defensa. “La crisis, la agudización de las relaciones de clase, la creación de un partido de trabajadores, de un partido obrero, expresa inmediatamente una agudización terrible de las fuerzas. La reacción será inmediatamente un movimiento fascista. Por eso debemos relacionar la idea del partido obrero con las consecuencias, de lo contrario apareceremos sólo como pacifistas con ilusiones democráticas.”
¡Mucho más si se baraja la posibilidad de un gobierno obrero!!
En cambio, el PTS presenta un cuentito socialdemócrata de izquierda según el cual podrían ganar las elecciones y formar un gran partido de trabajadores, sin explicar de qué manera debemos prepararnos para responder ante la reacción del régimen. Un gobierno de izquierda sólo podría ser tolerado por la burguesía en el caso de que hubiera una crisis importante, digamos como la del 2001, y la clase capitalista necesitara -en una primera etapa- apelar a la izquierda pequeño-burguesa del régimen para desmovilizar, como utilizó en aquellos años al kirchnerismo. ¿Ese es el papel que pretende cumplir el PTS?
Otra cuestión importante que también omite decir el PTS es cuál sería la relación entre los organismos de la clase trabajadora -que “pueden ser [¿sólo pueden ser?] la base para construir un nuevo orden político y social”- y la AC que convocaría MB desde su presidencia.
Como explica Trotsky en un artículo sobre Italia:
“Ustedes me recuerdan que una vez critiqué la consigna de “asamblea republicana basada en comités obreros y campesinos” que antes levantaba el Partido Comunista Italiano. Dicen que esta consigna tenía un valor puramente circunstancial y que en la actualidad se la ha abandonado. Sin embargo, quisiera decirles por qué considero que se trata de una consigna política errónea o, al menos, ambigua. La “asamblea republicana” es, obviamente, una institución del estado burgués. ¿Qué son, en cambio, los “comités obreros y campesinos”? Es obvio que son una especie de pariente de los soviets obreros y campesinos. Si es así, hay que decirlo. Porque las organizaciones de clase de los obreros y campesinos pobres, llámense soviets o comités, siempre constituyen organizaciones de lucha contra el estado burgués, luego se convierten en órganos de la insurrección y, finalmente, después del triunfo, se transforman en organizaciones de la dictadura proletaria. Siendo así, ¿cómo es posible que una asamblea republicana – organización suprema del estado burgués – se “base” en organizaciones del estado proletario?
Quisiera recordarles que, en 1917, antes de Octubre, Zinoviev y Kamenev, al oponerse a la insurrección, se pronunciaron a favor de esperar que se reuniera la Asamblea Constituyente para crear un “estado combinado” mediante la fusión de la Asamblea Constituyente y los soviets de obreros y campesinos. En 1919 fuimos testigos de la propuesta de Hilferding de inscribir a los soviets en la Constitución de Weimar. Hilferding, igual que Zinoviev y Kamenev, llamó a esto el “estado combinado”. Como pequeño burgués de nuevo tipo quería, en el momento mismo en que se producía un abrupto viraje de la historia, “combinar” un tercer tipo de estado mediante el casamiento de la dictadura proletaria con la dictadura de la burguesía bajo el signo de la constitución.
La consigna italiana señalada más arriba me parece una variante de esta tendencia pequeñoburguesa.” (LT, Problemas de la revolución italiana, 1930)
El PTS cree que la AC, que -según el hipotético guion de su manifiesto- habría de votar leyes reformistas progresivas que afectarían los “privilegios” [¿no las ganancias?] de los empresarios, debería ser defendida por los “soviets” de trabajadores, estableciéndose por parte de estos una relación subordinada con la AC. Tanta ilusión tiene en ese medio democrático burgués, que no baraja la hipótesis mucho más probable de que una AC vote leyes insuficientes para resolver las demandas de los trabajadores, y entonces en lugar de defenderla deba ser disuelta por los “soviets”, los que deberían hacerse plenamente cargo del poder estatal.
Pero en realidad toda esta discusión es abstracta, porque no hay ninguna posibilidad de que MB llegue al gobierno mediante elecciones. El objetivo real que tienen los comités es ampliar la representación parlamentaria con más diputados y “organizar la simpatía” es decir, ganar militantes para el PTS. El manifiesto responde por la positiva a la demanda de los intelectuales y los simpatizantes de MB que se ilusionan con una vía electoral y pacífica al socialismo.
Ilusiones electorales: el gobierno de los trabajadores y AC
Resulta insólito que el principal dirigente del PTS y su corriente internacional Emilio Albamonte crea que puede haber alguna posibilidad de que Bregman sea presidenta en las próximas elecciones, como dice en una nota de LID:
“Si por una vuelta del destino, se da una situación excepcional y Myriam gana la elección presidencial contra el boicot de los mercados, los grandes medios, etcétera, por supuesto que, como marxistas, trataríamos de construir un gobierno provisional con todas las organizaciones y sectores de trabajadores combativos y clasistas, y llamaríamos a una asamblea constituyente con sufragio universal y diputados revocables, para ver hasta dónde nos banca el pueblo trabajador en los planes revolucionarios que intentemos llevar adelante.”
Como se ve, dado que en cualquier circunstancia debe ser planteada, desvinculándola de todo análisis coyuntural o táctico, para el PTS la asamblea constituyente es una cuestión estratégica.
De aquí se desprende que, en el esquema teórico del PTS, que responde a Kautsky y Gramsci, la institución fundamental sería la Asamblea Constituyente elegida por voto universal, en contra de la concepción de Lenin y Trotsky que disolvieron la AC y se apoyaron en el poder de los soviets elegidos en las estructuras de la clase trabajadora mediante un voto de clase.
Y dado que Albamonte no vincula esa “vuelta del destino” a un ascenso de la lucha de clases, debemos pensar que cree que la situación actual de chatura se va a mantener hasta fines del 2027. Sin embargo -continua Albamonte-“para que lo que eventualmente se vote en una hipotética constituyente así no sea papel mojado, como todo lo que se votó en la constituyente de Chile hace unos años es indispensable empezar desde ahora a sentar las bases, no solo de un nuevo partido de clase muy fuerte, sino de coordinadoras con activistas, agrupaciones, pequeños sindicatos de izquierda, etc., que sean capaces de arrancar de la pasividad a los grandes sindicatos y que comiencen a crear las bases de un doble poder.”
¿De dónde van a salir las organizaciones que creen las bases del doble poder, no digamos soviets, sino las coordinadoras? ¿De los comités de Myriam presidenta? Esto es tan voluntarista e irreal que suena a tapadera luchista de la gran borrachera electoral que ha embriagado al PTS. Las organizaciones de masas, que son las únicas que pueden “crear las bases de un doble poder”, sean sindicatos pequeños o coordinadoras, son organizaciones que surgirán del ascenso de la lucha de clases. Las agrupaciones y “coordinadoras de activistas” surgen de la organización de la vanguardia en las estructuras laborales. De los comités sólo podrán salir grupos militantes para hacer propaganda y agitación electoral.
Por otra parte, aquí vale mencionar una vieja polémica del PTS con el PO, en relación con el gobierno de Syriza.
Un gobierno “provisional” del PTS con todas las organizaciones y sectores de trabajadores combativos y clasistas, como dice Albamonte, ¿sería un gobierno obrero (2) o un gobierno de izquierda?
“No hace falta mucha ciencia para darse cuenta que “izquierda” y “obrero” no son equivalentes. Si bien Syriza obtuvo una alta votación entre los asalariados que normalmente votan al PASOK o al PC griego (con peso en la clase obrera industrial), es un fenómeno electoral de centroizquierda (una vieja coalición de eurocomunistas, ecologistas, maoístas y algunos trotskistas) que no dirige ningún sector significativo de la clase obrera, como se vio en las 17 huelgas generales dirigidas por la burocracia oficial y en menor medida el PAME (la rama sindical del PC). Incluso quienes llamaron a votar por Syriza reconocen como una de sus debilidades la enorme disparidad entre los votos y su peso en la clase obrera. Un gobierno de Syriza no sería un “gobierno obrero” que opusiera a los trabajadores y los explotados al conjunto del régimen burgués.” (3)
Es evidente que el PTS y los demás partidos del FITu que podrían integrar ese gobierno no dirigen ningún sector significativo de la clase obrera. El FITu es -como el propio PTS reconoce- solo un acuerdo electoral, por lo que de ahí se desprende que no se trata de partidos revolucionarios, ya que si así fuera ya hace tiempo se deberían haber unificado. Aun así, tal vez Albamonte crea que solo por el hecho de que la fuerza politica principal del gobierno fuera el PTS -que se considera a sí mismo revolucionario-, su gobierno sería un “gobierno obrero”, y que “un gobierno obrero que resultase de una combinación parlamentaria puede también brindar la ocasión de reanimar el movimiento revolucionario”. Si eso fuera así debería recordar la observación de Claudia Cinatti (PTS) a Cristian Rath (PO):
“…a renglón seguido Rath “recorta” también las resoluciones del IV Congreso de la IC: “Pero de hecho, el nacimiento de un gobierno verdaderamente obrero y el mantenimiento de un gobierno que desarrolle una política revolucionaria, debe llevar a la lucha más encarnizada y, eventualmente, a la guerra civil contra la burguesía”.
Casualmente tampoco cita Rath lo que la IC consideraba como el programa “más elemental” de un gobierno obrero, que en primer lugar señalaba “debe consistir en armar al proletariado, en desarmar las organizaciones burguesas contrarrevolucionarias”.
“Mutatis mutandis”, tampoco nada de eso dice ahora el PTS con relación a su gobierno de trabajadores.
Lo que queda claro es que, si se presenta una crisis política en el gobierno, el PTS volverá a levantar la lucha por una AC como ya hizo ante otras crisis, ocultando que cuando hay una crisis del régimen provocada por un ascenso de la lucha de clases, la AC sirve como desvío para sacar el movimiento de las calles y las fábricas y meterlo en las urnas, en donde es más facil maniatarlo y maniobrarlo, ya que ese es el terreno que domina el régimen burgues. El ejemplo más cercano es Chile.
No pueden argumentar a su favor, apoyándose en el P de T en su capítulo para los países atrasados, ya que cuando allí habla del programa democrático se refiere a las consignas democráticas estructurales, como independencia nacional y reforma agraria. Mientras que la referencia a la Asamblea Constituyente está vinculada a “países como India o China”, es decir, la primera una colonia inglesa ocupada militarmente, y la segunda una dictadura militar semicolonial.
El PTS que ha planteado esta consigna en Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, México, Chile, Venezuela, Túnez, Egipto y Libia, Siria, España, consecuentemente frente a las crisis como si fuera una consigna estratégica, ahora pretende incorporarla a la teoría de la revolución permanente y al programa de transición.
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La asamblea constituyente y la revolución permanente
Al igual que N Moreno en los 80s, el PTS inició un proceso de revisión de la teoría de la revolución permanente. Actualización y ampliación son los respectivos títulos argumentativos para la operación de revisión teórica. En el caso que nos ocupa, la ampliación del PTS consiste en tratar casar la teorización de Gramsci con las formulaciones teóricas de Trotsky, intentando darle a la consigna de la Asamblea Constituyente un carácter transicional.
“La segunda ampliación que tomamos tiene que ver con la cuestión de las demandas democráticas, que en la tesis de 1929-30 son democrático-estructurales, es decir, la revolución agraria y la independencia nacional. Tomamos en particular el texto “Un programa de acción para Francia” (1934). Trotsky realizó una ampliación en dos sentidos: 1) Recuperó las demandas democrático-radicales para los países centrales. Ante el crecimiento del fascismo y la consiguiente ideología de defensa de la democracia por parte del reformismo, incorporó con fuerza estas demandas, cuando planteó, para el caso de Francia en 1934, que quienes quisieran defender la democracia tenían que hacerlo con los métodos de la Convención jacobina y no con los de la IIIª República, incorporando las clásicas medidas de aquella, retomadas por la Comuna de París. 2) Señaló que estas demandas eran una forma de avanzar en una relación de fuerzas más favorable para la lucha por el poder obrero…” (4)
Dal Maso olvida el caso de Alemania frente al ascenso de Hitler. Si de “recuperar” consignas democráticas ante el crecimiento del fascismo se trata, Alemania debería ser el caso testigo. Quizás ese olvido tiene lógica, porque “contra la ideología de defensa de la democracia por parte del reformismo”, Trotsky fue categórico cuando planteó en el Programa de Transición el carácter “incidental y episódico” de tales consignas democráticas. Está claro que una consigna episódica no puede ser al mismo tiempo transicional y estratégica.
<<Por supuesto, esto no significa que la IV Internacional rechace las consignas democráticas como medios de movilizar a las masas contra el fascismo. Esas consignas pueden jugar un papel considerable en diferentes momentos. Pero las fórmulas democráticas (libertad de prensa, libertad sindical, etc.) no son para nosotros más que consignas ocasionales y episódicas, subordinadas a la movilización independiente del proletariado; no un nudo corredizo puesto alrededor de su cuello por los agentes de la burguesía (¡España!).>> (P de T)
Y es importante advertir que, ante la realidad concreta del fascismo en Europa, la AC para esos países ni se menciona en el programa de transición.
Respecto del “programa de acción para Francia” ya hemos escrito en anteriores ocasiones (ver 5) que Trotsky no levantó la consigna de asamblea constituyente o asamblea nacional, sino que dirigiéndose al PS y a los obreros que lo seguían planteó la táctica del gobierno obrero y campesino, diciéndoles:
<Somos, pues, firmes partidarios del estado obrero-campesino, que arrancará el poder a los explotadores. Nuestro primordial objetivo es el de ganar para este programa a la mayoría de nuestros aliados de la clase obrera.
Entre tanto, y mientras la mayoría de la clase obrera siga apoyándose en las bases de la democracia burguesa, estamos dispuestos a defender tal programa de los violentos ataques de la burguesía bonapartista y fascista.
Sin embargo, pedimos a nuestros hermanos de clase que adhieren al socialismo “democrático”, que sean fieles a sus ideas: que no se inspiren en las ideas y los métodos de la Tercera República sino en los de la Convención de 1793…
Si durante la implacable lucha contra el enemigo ocurriese que el partido del socialismo “democrático” (SFIO), del que nos separan irreconciliables diferencias de doctrina y de método, llegara a ganar la confianza de la mayoría, estamos y estaremos siempre preparados para defender contra la burguesía a un gobierno de la SFIO.>
Es decir, ante la posibilidad de un gobierno de la SFIO (organización caracterizada en ese momento como obrera centrista) le plantea que sean consecuentes con su adhesión al socialismo democrático basándose en las ideas y los métodos de la Convención de 1793. La Asamblea única que plantea en el punto 16, no es una asamblea constituyente -que es un organismo legislativo- sino una forma de organización estatal del tipo de la Comuna, en donde una asamblea única debe combinar los poderes legislativos y ejecutivo. Ese gobierno, siendo consecuentemente democrático chocaría con el régimen burgués imperialista.
Como bien lo explica Trotsky ese programa democrático “jacobino” no es el programa de la IV Internacional: <Somos, pues, firmes partidarios del estado obrero-campesino, que arrancará el poder a los explotadores. Nuestro primordial objetivo es el de ganar para este programa a la mayoría de nuestros aliados de la clase obrera.> Y la prueba de ello es que no se puede encontrar en los escritos político-programáticos de Trotsky sobre Francia ni una sola mención a la AC.
En el caso que se discute y para el cual fue elaborado el “manifiesto”, es decir, la hipotética y sumamente improbable elección que llevase a Myriam Bregman a la presidencia, debería ser sobre la base de explicar que somos firmes partidarios del estado obrero y “popular” que arrancará el poder a los explotadores. En este caso no hay un partido obrero de masas que adhiera al socialismo democrático. Por lo tanto, el PTS no puede aplicar la táctica de gobierno obrero y campesino consigo mismo.
Cabe agregar que el PTS pone mucho empeño en tomar como referencia al “programa de acción para Francia” pero solo como un intento vano de justificar la AC. En cambio, omite toda referencia a las milicias obreras o su popularización como comités de autodefensa y menos todavía al armamento del proletariado, que en el programa para Francia tienen un lugar destacado.
Según Dal Maso “Acá cabe destacar que Lenin, en El estado y la revolución, hizo una lectura más radical que Trotsky sobre estas formas de democracia. Lenin pensaba que era “evidente” que estas formas de organización política eran una transición a una democracia proletaria. La explicación parecería estar en el igualitarismo, dado que una forma política verdaderamente igualitarista es incompatible con la división de clases. Asimismo, al establecer la revocabilidad de los representantes y su control permanente por las bases, esta democracia jacobina y de la Comuna implica un cambio en la concepción de la intervención de la clase trabajadora y el pueblo en la toma de decisiones más cercana a la unidad de ciudadano y productor propia de la democracia de los consejos que de la concepción delegativa del parlamentarismo burgués.
Entonces, si tomamos las consideraciones de Lenin y las sumamos a los planteos de Trotsky, los planteos de “Un programa de acción para Francia” implican una ampliación de los alcances de la cuestión democrática en dos sentidos: 1) Plantean un rol de las demandas democrático radicales “formales” en la transformación de la lucha de masas contra el fascismo (o las políticas reaccionarias) en lucha por el socialismo. 2) Proponen formas de democracia que no son exactamente las soviéticas pero implican un paso hacia ellas.”
Sobre 1) ya nos referimos más arriba. Sobre el punto 2) veamos en donde residía la clave de la transición entre un estado burgués y un estado proletario:
<<En 1847, en El Manifiesto Comunista, Marx daba a esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta o, para ser más exactos, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medio para cumplirlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, por la “organización del proletariado como clase dominante”, “por la conquista de la democracia”: tal era la respuesta de El Manifiesto Comunista. Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas la respuesta a la pregunta de qué formas concretas habría de revestir la organización del proletariado como clase dominante y de qué modo esta organización habría de coordinarse con la “conquista de la democracia” más completa y más consecuente…
¿En qué consistió, concretamente, esta forma “definida” de la república proletaria, socialista? ¿Cuál era el Estado que ella comenzó a crear? “…El primer decreto de la Comuna fue (…) la supresión del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado…”. Esta reivindicación figura hoy en los programas de todos los partidos que desean llamarse socialistas…
La completa elegibilidad y la revocabilidad en cualquier momento de todos los funcionarios, la reducción de su sueldo hasta los límites del “salario corriente de un obrero”, estas medidas democráticas, sencillas y “comprensibles por sí mismas”, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayoría de los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización estatal, puramente política de la sociedad, pero es evidente que sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la “expropiación de los expropiadores” ya en realización o en preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en propiedad social.>> (Lenin, El estado y la revolución)
Es decir, el eje del planteo leninista es que las “formas democráticas” solo pueden actuar como puente o transición entre un estado burgués y un estado proletario cuando se suprime al ejército permanente y se lo reemplaza por el pueblo armado -en primer lugar, por el armamento del proletariado– y cuando las medidas de reorganización estatal, puramente política de la sociedad, están en conexión con la “expropiación de los expropiadores” ya en realización o en preparación. ¿qué tiene que ver esto con una AC que afectaría solamente los privilegios de los empresarios? Y ¿en qué lugar del Manifiesto “Bregman presidente” hace alguna mención a la necesidad del armamento?
Los teóricos dirigentes del PTS creen que Gramsci interpretó mejor los problemas de la revolución en occidente, como si Trotsky no hubiera salido de Rusia.
Pretenden darle un carácter estratégico a consignas democráticas que en ciertas circunstancias -tácticas- pueden cumplir un papel importante, pero que solo son consignas episódicas con relación a la estrategia revolucionaria.
Trotsky consideró la AC como una consigna democrática frente a las dictaduras, que tiene la virtud de que puede poner en movimiento a las amplias masas populares. Pero en el transcurso de ese movimiento deberían ser reemplazadas por las consignas de poder del proletariado.
En cambio, en manos del PTS, la AC es un dogal (collar de perro) alrededor del cuello del proletariado.
Antonio Bórmida, 14/6/26
(1) Esa fue la articulación de consignas que utilizó Lenin para impulsar la revolución democrática hacia adelante, cuando en la Rusia de 1905 todavía existía el régimen monárquico encabezado por el Zar.
(2) Entendemos que gobierno obrero y gobierno de trabajadores tienen el mismo sentido.
(3) “Grecia o el “enorme” oportunismo político del Partido Obrero”, Claudia Cinatti, 30 de agosto 2012
(4) Juan Dal Maso “En busca de la forma actual de la revolución permanente” (Ideas de Izquierda)
(5) “Trotsky, el PTS y la democracia burguesa”, revista Manifiesto Internacional n°2, agosto 2016.
