Venezuela: Ilusiones de la izquierda pequeño burguesa

De golpe la realidad emerge a la superficie. Los hechos recientes ocurridos en Venezuela son bastante conocidos. Después de meses de desplegar la flota del Comando Sur y a su portaviones más importante, Trump dejó de hundir lanchas y ordenó el ataque en territorio venezolano para “extraer” al presidente Maduro y a su esposa.

La operación duró poco tiempo y tuvo precisión quirúrgica. Tanto que a primera vista resalta la existencia de algun tipo de acuerdo previo para que ocurriera de esa manera. Ese acuerdo pude incluir a Maduro o puede haber sido con algun otro sector del gobierno que lo habría traicionado. Como escribimos en el LCO 83, antes de esta operación Trump había dado a conocer que mantuvo una conversación con Maduro, en la cual le ofreció un salvoconducto para abandonar el país con su familia, pero en ese momento no hubo acuerdo porque Maduro quería un gobierno de transición encabezado por su canciller Delcy Rodríguez mientras que Trump reclamaba la salida de todo el equipo de gobierno.

El hecho de que el departamento de justicia haya determinado que no está probada la existencia del “Cartel de los Soles”, haciendo probable una condena menor en cantidad de años abona la primera hipótesis. Sea o no, lo concreto es que ante su “ausencia” forzada asumió la presidencia Delcy Rodríguez, sindicada por muchos, ella y su hermano Jorge como “los traidores”. En su primera conferencia de prensa el propio Trump declaró que él mismo estaría a cargo del control sobre Venezuela a través de los dos funcionarios más importantes de su gobierno: Pete Hegseth y Marco Rubio. Este último habría mantenido desde algún tiempo largas conversaciones con Delcy Rodríguez y según el propio Trump ya está colaborando con EEUU. La prueba de ello es que Venezuela destinó entre 30 y 50 millones de barriles con destino a EEUU, supuestamente a precio internacional, y que habría dejado de enviar petróleo a China.

Sin embargo, varias organizaciones de izquierda que se reivindican trotskistas, al repudiar la acción imperialista omiten referirse abiertamente a la colaboración de los principales dirigentes del gobierno venezolano con EEUU, en una clara capitulación vergonzante al régimen chavista. Estas corrientes de “izquierda” también han reclamado la libertad de Maduro, algunos llegando a plantear que es el presidente legítimo de Venezuela. Con ello le lavan la cara a la maniobra electoral fraudulenta del chavismo que dio por ganador a Maduro en las últimas elecciones. Combatir al imperialismo no es igual a apoyar al populismo. Al igual que hacen en todos lados, se inclinan a apoyar al populismo, dejando de lado la posición independiente de la clase trabajadora, reclamando la libertad de Maduro sin decir que solo la queremos para que sea juzgado en Venezuela por tribunales obreros y populares.

Paralelamente han argumentado que el ataque yanki viola “el derecho internacional” y la “soberanía nacional del pueblo venezolano”.

El derecho internacional o el orden internacional basado en reglas, es un orden mundial establecido por el imperialismo, según las relaciones de fuerzas surgidas de la segunda guerra mundial. Las instituciones creadas al efecto, como la ONU siempre estuvieron subordinadas al imperialismo. EEUU, que es el imperialismo más fuerte, las respetó mientras les sirvieron a sus objetivos. Ahora, que se está preparando para una nueva guerra mundial y se ha lanzado a crear las condiciones más favorables para entrar en ella y ganarla, ya no tiene porqué respetar las instituciones y leyes que se interponen o entorpecen sus objetivos, por el simple hecho de que tiene el poder y la fuerza para hacerlo.

Podríamos compararlo con la “democracia” en un país. La gran burguesía y el imperialismo la toleran mientras sus empresas obtienen las ganancias deseadas. Cuando la crisis internacional pone en cuestión esas ganancias y el proletariado se resiste a que le aumenten la explotación, el gobierno que responde al capital tratará de imponer sus intereses por medio de la fuerza, sea por una represión más amplia y dura, sea directamente por un golpe militar.

Quienes han creído que la democracia era un bien innato del régimen burgués y que “nunca más” volvería la represión, son los mismos incautos que creen que las normas internacionales no pueden ser violadas. Creen en la conciliación de clases, ignorando que la historia está escrita en base a la lucha de clases. Viven todavía bajo el influjo de la segunda postguerra con su boom económico y su estado de bienestar. Se ilusionaron pensando que la globalización era el fin de la historia. Estas personas también creyeron que la primera guerra mundial de 1914 sería la última. Después cuando ocurrió la segunda guerra dijeron que “nunca más” habría otra guerra, que una tercera sería imposible. Nos dijeron una y otra vez que las ideas de Lenin y su análisis del imperialismo eran ideas viejas, cosas del pasado.

Y acá lo tenemos a EEUU haciendo lo que quiere, justificándose con argumentos falsos, e inclusive con el solo argumento de ser la potencia militar más fuerte y que “nadie puede con nosotros”. Cuando se termina el orden basado en reglas y empieza la lucha por un nuevo orden basado en la fuerza solo puede terminar de dos maneras. En la capitulación abierta como está ocurriendo con el gobierno de Venezuela. O termina en guerra cuando la otra parte no se quiere subordinar. Los preparativos de guerra de EEUU contra China entraron en su cuenta regresiva. La acción militar de EEUU en Venezuela parece que le ha abierto los ojos a algunos que no querían ver.

El otro argumento de “critica” a la intervención militar imperialista -que viola la soberanía del pueblo- es una repetición del engaño con el que la burguesía nubla la conciencia de los trabajadores. Pero ¿De qué soberanía hablan? Mientras el poder esté en manos de la burguesía la “soberanía” será la de esta clase dominante compartida con el imperialismo en determinadas proporciones. ¿O acaso lo que hace el gobierno “bolivariano” reduciendo a la clase obrera a condiciones de pobreza y reduciendo casi hasta su extinción las libertades democráticas es una expresión de la voluntad del pueblo? Si el Estado es burgués la soberanía es de la burguesía no del pueblo. Y si el estado es semicolonial la “soberanía” de la burguesía nacional está supeditada en gran medida al imperialismo (por el arma comercial y el arma financiera). La oposición de derecha hace rato que se entregó en brazos del imperialismo yanki. Los representantes chavistas otro sector de la burguesía hacen cesión voluntaria de la semi-soberanía que mantenían. La entregan “voluntariamente” cediendo al poder imperialista sin lucha, expresado en términos económicos y ante la superioridad militar del imperialismo, ante la simple demostración de fuerza. En el caso de Venezuela, fue directamente una violación por medio de la acción militar activa. Pero en ningún estado burgués el pueblo es soberano.

Para repudiar y condenar la acción imperialista no hace falta caer en las ilusiones democráticas de la pequeño-burguesía o repetir las mentiras stalinistas y populistas de la soberanía nacional.

Es decir, las aspiraciones políticas de “la izquierda” vacilan entre reivindicar el orden jurídico internacional imperialista y la capitulación vergonzante al nacionalismo burgués como única posibilidad de mantener una “soberanía nacional” ficticia. Por un lado, reflejan la aspiración pequeñoburguesa a un orden internacional imperialista equilibrado y justo, que impida los abusos de las potencias más fuertes contra los países más débiles. Pura ficción divulgada por la academia. Por otro, la aspiración a encontrar una burguesía progresista que sea capaz de enfrentar realmente al imperialismo.

Solo un gobierno de trabajadores puede ser soberano derrotando y expropiando a la burguesía y al imperialismo y estableciendo un estado obrero en base a la economía planificada y socializada.

La vigencia de la revolución permanente

Con los acuerdos establecidos entre el gobierno chavista y el imperialismo yanki, queda en evidencia que no hay gobierno burgués que pueda ser consecuente en la lucha por la plena independencia nacional.

El chavismo era el exponente más “radicalizado” de los gobiernos populistas (nacionales y populares) que surgieron en América Latina tras las insurrecciones contra el agravamiento de la explotación “neoliberal”. En realidad, fue más radicalizado en los discursos que en los hechos, lo mismo que el gobierno de Evo Morales, cuando todavía debían engañar al pueblo movilizado. El kirchnerismo siempre fue moderado con su discurso, haciendo más eje en los derechos humanos y en encausar la movilización hacia “un país normal”.

Estos gobiernos vinieron a frenar un ascenso de masas y a estabilizar el régimen burgués. Durante un tiempo fueron útiles a los intereses de la gran burguesía y el imperialismo que aceptaron otorgar algunas concesiones menores para canalizar la movilización dentro de las instituciones del regimen burgués. Con sus particularidades nacionales, estos gobiernos mantuvieron cierta estabilidad mientras los precios de los commodities, como el petróleo, el gas y los productos agropecuarios tuvieron buenos precios, durante el período de expansión a fuerza de endeudamiento, despues de la crisis de 2000-02 y hasta la nueva crisis de 2008. Pero después, empezaron a ajustarle las clavijas a los trabajadores y sectores populares como cualquier otro gobierno burgués.

Con el título de Socialismo del Siglo XXI, Chávez apenas quiso establecer un régimen que permitiera una “redistribución” de la renta petrolera, en beneficio de un sector de la burguesía (boliburguesía) y del aparato cívico militar de gobierno, con asistencialismo para las masas pobres que le garantizara un apoyo social. El discurso nacionalista, entremezclado con alusiones al socialismo, tomado prestado de Fidel Castro, solo buscaba construir un relato épico, un lenguaje revolucionario que ganara la adhesión moral al gobierno de la clase trabajadora y las capas pobres de la población, al mismo tiempo que servía de cobertura a su reformismo semicolonial.

Una vez más quedó demostrado que no se puede ser un poco antimperialista o un poco socialista. Los que tocan parcialmente los intereses del capital se ponen en la mira de la contrarrevolución, pero al quedarse a mitad de camino permiten rehacer las fuerzas del enemigo que no perderá oportunidad para intentar liquidarlo, cuando ya no sea necesario para contener al movimiento de masas. La administración de la crisis por parte de los gobiernos populistas, termina desgastando el apoyo popular. El capital en crisis, por su parte, necesita otro tipo de movimiento y otro tipo de discurso que justifique ante una base social, la realización de un esfuerzo en aras de las mejoras del porvenir. Por una vía o por otra se impone el cambio de régimen ante la impotencia de los populistas.

Esta experiencia histórica con el chavismo, el evismo y el kirchnerismo demuestra la actualidad de las tesis de la revolución permanente escritas por Trotsky en 1929:

“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”

No hay liberación de la mano de una supuesta burguesía progresista como creen los stalinistas y conciliadores pequeñoburgueses, no hay atajos o vías pacíficas de la mano del populismo. Dura derrota y aterrizaje a la realidad también para los renegados del trotskismo que, escépticos de la revolución socialista y a pesar de las experiencias históricas anteriores, habían puesto su confianza en estos movimientos “nac & pop”, que vitoreaban a Cristina, al Evo y al comandante Chávez.

Antonio Bórmida, PCO (Argentina), 21/1/26

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