La doctrina Don-roe en acción

En el mes de diciembre de 2025 el Departamento llamado anteriormente de Defensa, pero no casualmente rebautizado de Guerra, hizo público su National Security Strategy of the United States, conocida ahora como la doctrina Don-roe, la cual ya está en pleno desarrollo.

La impactante demostración de fuerza imperialista en Venezuela hasta ahora va consiguiendo su objetivo. Primero y de inmediato, sin lugar ni margen para ninguna otra cosa, la designación de Delcy Rodríguez como presidente “encargada” por el TSJ, el juramento tomado por su hermano -Jorge Rodríguez presidente de la Asamblea nacional- con la presencia de “Nicolasito” representando la continuidad en el poder para tranquilizar a las bases chavistas. Todo legal, como dijo Trump. Delcy Rodríguez asumió con el aval de Trump, después de que hiciera públicas sus conversaciones con Rubio y su disposición a “colaborar”. En la misma conferencia de prensa Trump indicó la imposibilidad de que asumiera Corina Machado o su candidato electo Edmundo González, en tanto el chavismo todavía controla el aparato estatal militar y policial.  Pero como para que no quede “duda” de que nadie tiene intenciones de resistir al imperialismo, Maduro también hizo pública su apoyo a Delcy y llamó a “confiar” en ella.

Luego de esta parte fundamental del primer paso anunciado por Marco Rubio, en pos de la estabilización del régimen, tanto Delcy como Diosdado llamaron a la calma y a seguir trabajando en paz. En los días siguientes y sin perder tiempo, Trump anunció que Venezuela entregaría entre 30 mil a 50 mil millones de barriles de petróleo para ser procesados y comercializados por parte de EEUU. Según dijo, el dinero recaudado será administrado por el mismo Trump y le pagarán a Venezuela con productos norteamericanos. El primer acuerdo, más colonialista no podía ser. Luego vendría la liberación de presos políticos de la oposición, como síntoma de distención que permitiera recomponer el diálogo con la oposición.

Los discursos de Delcy, la entrevista con el embajador chino, la destitución y arresto del mayor general Marcano Tábata jefe de la guardia presidencial, todo apunta a contrarrestar cualquier evidencia de haber entregado a Maduro y de haberse entregado al imperialismo. Pero, aunque su discurso todavía hable de soberanía y de lealtad a Maduro, sus acciones indican una total subordinación en tiempo y forma a los requerimientos de Trump. Podría ser también que no haya contradicción entre ambas cosas.

Mientras tanto Diosdado -amenazado con ser el próximo- maneja las manifestaciones populares dosificando su movilización por sectores, a modo de canalizar la indignación por las vejaciones sufridas al honor nacional, pero sin ninguna consecuencia que afecte al poder de Delcy. Por lo menos hasta ahora todo parece estar bajo control de Trump y Rubio. El gobierno de Venezuela, bajo la amenaza de nuevos ataques, ha pasado a ser un gobierno agente semicolonial de EEUU, como otros gobiernos latinoamericanos, pero con muchas reservas de petróleo.

La lucha contra el imperialismo, contra todas las potencias imperialistas, es una lucha en la que la clase trabajadora debe estar en primera linea, porque el imperialismo saquea los recursos naturales sobre los cuales construiremos un estado obrero cuando los trabajadores conquistemos el poder. Respecto de las corrientes políticas que sostienen al capitalismo en los hechos como el chavismo, aunque de palabra se rasguen las vestiduras hablando de socialismo, sólo podemos desarrollar una lucha común en unidad de acción cuando estas luchan de manera efectiva contra el imperialismo. Pero el chavismo no está luchando, sino cediendo y acordando con EEUU la entrega de las reservas petroleras y demás recursos minerales. El balance del chavismo y de su capitulación al imperialismo yanki es muy importante para que las masas trabajadoras se den cuenta que ningún movimiento político que representan un sector de la burguesía y sostiene el capitalismo es incapaz de luchar consecuentemente contra el imperialismo. La emancipación nacional del imperialismo solo se puede lograr a través de la independencia de clase y la organización de la vanguardia en un partido de trabajadores revolucionario que luche por el socialismo.

Preparativos para la gran guerra

Reducir los objetivos de la intervención militar yanki en Venezuela, a la obtención del control sobre el petróleo, limita la operación imperialista a la órbita nacional de un país.

Pero EEUU tiene otros objetivos más amplios. Subordinar al continente americano en su conjunto. Restar campo de acción a China y Rusia. Fortalecer su potencia económica y energética como preparación para una guerra.

La onda expansiva de la tremenda manifestación de poder militar y de decisión política para aplicarlo, por encima de cualquier consideración de legalidad del orden internacional, ya tuvo inmediatas consecuencias.

Tras la “extracción” de Maduro, Trump reiteró su determinación de hacerse del control de Groenlandia “por las buenas o por las malas”. Al respecto la presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen declaró que era mejor colaborar con EEUU que entrar en un conflicto. El envío de tropas a Groenlandia de algunos países europeos es puramente simbólico, pero, aun así, tras el anuncio por parte de Trump de la imposición de aranceles, Alemania raudamente retiró su docena de soldados.

También Trump dijo que “vamos a tener que hacer algo con México”, supuestamente en referencia al poder de las bandas narcos que actúan en ese país vecino de los yankis. La presidente Claudia Sheinbaum, que hasta ahora venía rechazando cualquier tipo de intervención militar, ahora se pronunció por la posibilidad de establecer una mayor coordinación. Hay que ver si dentro de esa “colaboración” México recorta el envío de petróleo a Cuba, que últimamente era mayor que el de Venezuela. Cuba sin petróleo agudiza su crisis al extremo de pasar varios días sin energía eléctrica.

También el presidente de Nicaragua Daniel Ortega puso sus barbas en remojo y el 10 de enero anunció la excarcelación de “decenas” de presos políticos. Petro por medio de una comunicación telefónica se “amigó” repentinamente con Trump.

Mientras esto ocurre en su patio trasero, en Irán las manifestaciones que comenzaron por el malestar económico y el alto costo de vida, fue derivando en consignas directas contra el sistema teocrático chiita y se transformó en un levantamiento popular con miles de personas movilizadas al grito de “muerte al dictador”, algunos respondiendo a los llamados de Trump, y al hijo del Sha. El primero se pronunció con un mensaje publicado en su red Truth Social, asegurando que estaba listo para intervenir. Mientras que el hijo del depuesto Sha, Reza Pahlavi, que vive en Estados Unidos, instó a los iraníes a organizar protestas más focalizadas y a “tomar y mantener los centros urbanos”. Mientras el líder supremo de la República Islámica aseguró no cederá ante los manifestantes”, a quienes acusó de actuar como “mercenarios de potencias extranjeras”.
Finalmente, aunque Trump envió el portaviones Lincoln y su séquito de buques de guerra, parece que desistió de intervenir, después de que el régimen iraní ahogó el levantamiento en sangre con más de 5 mil asesinados.

Como vemos un avance arrollador por parte de Trump, que actúa en varios frentes al mismo tiempo sin que, hasta ahora nadie, ni Rusia ni China, haya podido o querido pararlo.

Por lo tanto, hay que ver que la acción contra Venezuela no se trata de una cuestión puntual, o de la invasión y ocupación por parte del imperialismo de algún país. EEUU es la potencia más grande a nivel mundial. Si bien está en decadencia en relación a décadas pasadas, sigue siendo la primera economía mundial, el dólar sigue siendo la moneda de referencia internacional y tiene la mayor potencia militar con 750 bases ubicadas en 80 países del planeta.

En algunos medios burgueses y pequeño burgueses, que aspiran a una convivencia pacífica, en un marco de equilibrio mundial multilateral entre varias potencias, circula la teoría de que lo que está ocurriendo es un reparto mundial de áreas de influencia entre EEUU, Rusia y China. Hasta han inventado un mapa de cómo se haría esa distribución. Pero ignoran una cuestión fundamental: EEUU no va a ceder su hegemonía mundial sin lucha. Por el contrario, aspira a “hacer grande América de nuevo”. Para eso se ha armado hasta los dientes, e inclusive Trump ya ha anunciado que para el año próximo elevará el presupuesto militar a 1,5 billones de dólares. Como ha dicho certeramente el conocido periodista Tucker Carlson, con ese enorme presupuesto “Todo apunta que vamos a una gran guerra”.

La crisis económica mundial desencadenada en 2008 y la emergencia de China como nueva potencia imperialista implica que el choque por dirimir la hegemonía sobre el mercado mundial es inevitable. De lo hasta aquí explicado se desprende que el imperialismo yanki está desarrollando una ofensiva para alinear su “patio trasero” y para fortalecerse a nivel internacional antes de encarar la lucha definitiva, la guerra contra China, que será la tercera guerra mundial.

La política de Lenin y Trotsky ante la guerra consiste en no apoyar a ninguno de los bandos imperialistas y desarrollar la lucha hasta instaurar gobiernos de trabajadores en cada país. Se sabe que la lucha de clases revolucionaria se desarrolla en la palestra nacional. Pero en períodos de crisis económicas como las que vivimos desde 2008, la situación se vuelve inestable en amplias regiones. Es el hambre y el aumento de los padecimientos de las masas trabajadoras las que “sincronizan” las revoluciones en un determinado tiempo común. Por ejemplo, en 2019 cuando hubo levantamientos populares en Chile, Colombia, y Ecuador.

La lucha por derrotar al imperialismo no puede consistir en “marchitas” de militantes de izquierda. Tampoco es realizable porque no tiene ninguna base de apoyo en la realidad, la política de la “exigencia” a las burocracias de las centrales obreras latinoamericanas de que convoquen a un “paro continental”.

La lucha contra el imperialismo, en este momento en el que prevalece la parálisis y confusión de las masas trabajadoras, pasa por explicar pacientemente que no hay que confiar en ningún movimiento político burgués o pequeñoburgués y que para derrotarlo hay que instaurar gobiernos de trabajadores y avanzar hacia la unidad de Estados Obreros y Socialistas de América latina, y establecer la unidad con los trabajadores norteamericanos. Cualquier movilización que no plantee esta verdad, que se limite solo a “repudiar” o a apoyar al nacionalismo burgués, no solo no sirve para nada, sino que debilita la comprensión por parte de la vanguardia de la única estrategia posible para salvar a la humanidad de la barbarie.
AB, PCO (Argentina) 21/1/26

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